Terapia familiar | Cambios en la pareja
Soy terapeuta colegiada, especializada en Terapia individual, familiar y de pareja. Utilizo técnicas y conocimientos de diversas perspectivas psicológicas.
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Cambios en la pareja

Cambios en la pareja

Hablemos de relaciones.

Creo que estaremos de acuerdo que las relaciones no son algo estático y que la manera en que interactuamos los unos con los otros tiene que ir modificándose según las circunstancias y el paso del tiempo. ¿Verdad que no trataremos igual a un niño cuando tiene 1 año que cuando tiene 5? ¿Ni se pedirá lo mismo a una anciana que cuando era adolescente? ¿Por qué? Porque adecuamos nuestra manera de relacionarnos a las exigencias o necesidades de las personas y situaciones en función de las circunstancias y del desarrollo de la persona que tenemos en frente. Es decir, cambiamos para adaptarnos a las transformaciones que experimentan las personas con el paso del tiempo. Esto que parece tan obvio, a veces, no lo es tanto cuando hablamos de pareja!!!

Hablemos, pues, de parejas.

Cuantas veces he oído la frase “ha cambiado, ya no es la misma persona de la que me enamoré”. Paremos aquí para hacer hincapié en dos aspectos que podrían dificultar las relaciones de pareja:

 

En primer lugar, la falta de consciencia del cambio. Durante el tiempo que convivimos con una persona, esta va cambiando y nosotros también, no lo olvidemos. Ahora recuerdo a Neruda y su tan acertado “…nosotros los de entonces, ya no somos los mismos” Y no, los de entonces no serán los mismos porque la vida nos lleva a experimentar cosas nuevas, a tener nuevas expectativas, nuevos deseos; puede suceder que lo que antes nos satisfacía ahora ya no nos interese tanto; que si nos gustaba situarnos en una posición dentro de la pareja (por ejemplo ser el miembro que se ocupa de organizarlo todo; o ser la persona que se adapta a lo que dice y desea la pareja) quizá ahora ya nos hayamos cansado de esa situación. Estos cambios no ocurren de un día a otro, sino que se van produciendo poco a poco. Pero, a veces, es como si de repente un día nos damos cuenta que la persona que está a nuestro lado ya no es la misma que nos enamoró en el pasado y entramos en crisis.

Como dijo Heráclito, “todo fluye, nada permanece”, porque lo más constante en la vida es precisamente el cambio.Tener este punto de vista y ser consciente del cambio constante en el que vivimos las personas es importante para el buen funcionamiento de la pareja porque permite ir adaptándose, asumiendo e integrando las modificaciones en la manera de ser del otro  y en la manera de relacionarse con nosotros. Esto ayuda a entender a los demás y no interpretar de manera errónea los cambios que puedan experimentar. Por ejemplo, interpretar que nuestra pareja ahora hace confidencias a otra persona no es necesariamente una traición, sino quizá es una necesidad de otro punto de vista. O, que nuestra pareja ya no comparta las mismas aficiones no tiene porque ser visto como un distanciamiento, sino que quizá a cambiado su gusto o ha descubierto alguna afición nueva.

Aceptar los cambios es respetar los deseos de evolución de nuestro compañero o compañera, algo positivo ya que una de las cosas que enriquece a una relación de pareja es la sensación de estar creciendo.

 

En segundo lugar, otro de los aspectos que quiero señalar y que pueden poner en riesgo la relación de pareja es el no ser conscientes de lo que el enamoramiento hace con nuestra visión del otro. En el enamoramiento (ya sabemos que de duración determinada) la persona que tenemos ante nosotros está magnificada, idealizada. Más que observar a la persona en sí, vemos lo que queremos ver. El enamorado o la enamorada es vista en función de nuestros anhelos. A veces esperamos que supla nuestras carencias del pasado o que resuelva nuestras dificultades. Por ejemplo, al principio es habitual que en una pareja ambos miembros quieran protegerse el uno al otro por encima de cualquier cosa. Pero, esto puede cambiar. Ahí es cuando surge la crisis, cuando el otro idealizado ya no cumple nuestras expectativas y como si abriésemos los ojos después del sueño, nos encontramos con una realidad que no es la esperada. Pero, ¿y si en lugar de verlo así pensamos que el otro no se ha convertido en un extraño, sino que nosotros lo habíamos dibujado a nuestra conveniencia? Ahora llega el momento de sopesar si nuestra pareja vale la pena para seguir adelante, con sus virtudes y no tan virtudes…y no olvidemos que esto es mutuo. Yo evalúo si tu con todo lo tuyo, lo que más me gusta y lo que menos, me activas lo suficiente para seguir juntos. Y tu, evalúas lo mismo. Algunos encontrarán que su pareja bien merece el seguir adelante porque en la balanza los pros pesan más; a otros no les encajará la visión que les devuelve la realidad una vez la idealización se ha desvanecido y deciden poner fin a la relación.

 

A veces las dificultades de pareja son resultado de los aspectos señalados. El no ser conscientes y asimilar las transformaciones que experimentamos las personas a lo largo de nuestras experiencia vital puede llevar a interpretar de forma sesgada y negativa los cambios en la manera en la que la relación fluye y dificultar su continuidad. No ser conscientes de la idealización que sufre la persona amada al principio de una relación puede hacer que transcurrido el enamoramiento inicial acusemos de forma poco positiva su manera de ser y actuar. También el descubrir que él o ella no cumple las expectativas porque quizá no hemos conseguido ver a la otra persona tal y como es y aceptarla con todo lo trae, sino que le hemos otorgado el poder o la obligación de salvarnos, cuidarnos o cumplir nuestros deseos.

Tener en mente ambos conceptos proporciona un punto de vista alternativo a los problemas de pareja y ya se sabe…un cambio de perspectiva puede traer aire fresco.

 

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