Terapia familiar | La felicidad: uy, que miedo!!
Soy terapeuta colegiada, especializada en Terapia individual, familiar y de pareja. Utilizo técnicas y conocimientos de diversas perspectivas psicológicas.
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La felicidad: uy, que miedo!!

La felicidad: uy, que miedo!!

Hoy me ha pasado algo que me ha hecho reflexionar sobre la felicidad. Llevaba semanas emocionada por la posibilidad de un proyecto nuevo y se me han presentado varias barreras, una detrás de otra… si hace unos días estaba pletórica, ahora he sentido decepción y hasta ganas de dejarlo correr y pasar página…no me ha gustado el cambio de sentimientos. Porque feliz como una perdiz estaba y ahora, sigo feliz, aunque más desencantada.

Pero, me ha dado por pensar: ¿y, si eso es lo que les pasa a algunas personas ante la felicidad y su pérdida? A veces, algunas de las personas con las que trabajo en terapia, mis clientes (no me siento cómoda llamándolos pacientes porque es un término muy médico que me remite a enfermedad), me comentan que les provoca ansiedad acercarse a la felicidad y cuando la ven aproximarse es como si se les escapase de las manos y pasase todo contrario .

¿Podría ser que la felicidad les diese miedo? ¿Podría ser que temiesen la pérdida de la felicidad alcanzada o a alcanzar y que todo ello desembocase en una profecía autocumplida (aquello que más temo se hace realidad)? Se que suena extraño para algunos, pero creo que tiene sentido para otras personas.

La felicidad podría definirse como aquel estado de bienestar en que nos sentimos motivados, en que la balanza se inclina a favor de una visión positiva de nuestro día a día, un estado de ánimo que nos hace sentir satisfechos.

Hay personas para las que experimentar felicidad se aleja mucho de otros momentos vitales en los que se vivió gran malestar. Es decir, que son polos opuestos de una misma línea, donde malestar es un dolor muy intenso y felicidad es un momento de éxtasis. Estas personas vivieron esos malos momentos de forma tan desagradable, que cuando aparecieron otros de satisfacción los experimentaron de manera tan intensa que su pérdida dolió de manera desmesurada. Y ahora es como si pensasen que el remedio es peor que la enfermedad y se dijesen: para no experimentar esa insatisfacción por perder algo tan placentero como la felicidad, prefiero no experimentarla. Es ahí donde, sin darse cuenta, se autoboicotean. Vamos, que de forma no consciente se ponen la zancadilla hasta que les ocurre precisamente lo que tanto temen.

 

El filósofo Ortega y Gasset dijo que “la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente”. Pero, también sugirió que deberíamos plantearnos cuales son las condiciones objetivas y subjetivas de ese estado que queremos experimentar. En otras palabras, que podemos definir que es para nosotros la felicidad. Y ahí es donde se puede trabajar para domar el miedo a ser feliz. Si uno mismo establece que es la felicidad, se pueden establecer puntos medios de satisfacción entre la felicidad y la infelicidad (no todo en negro o blanco), reelaborar las propias creencias sobre lo que es ser feliz (algunas personas consideran que expresar felicidad es pretencioso), centrar la mirada en aspectos de nuestro día cotidiano que nos satisfagan (los rayos del sol en pleno invierno siempre generan alguna alegría), observar que valores hacen que nos asuste ese estado de felicidad; también, entender que esta no tiene porque estar centrada en aspectos externos a nosotros y que va muy ligada a ser realistas con lo que nos exigimos. Y, no olvidar que la felicidad es algo dinámico, al igual que el malestar. Que fluctúa en intensidad dependiendo de las circunstancias (quizá hoy con mi decepción pueda ser feliz un 70%…pero no está mal!), que aparece-desaparece y que es relativo a nuestra subjetividad (nuestra visión del mundo).

 

Como diría Nelson Mandela,“no es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo.“ 

 

 

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