Terapia familiar | Y tu, ¿temes algo?
Soy terapeuta colegiada, especializada en Terapia individual, familiar y de pareja. Utilizo técnicas y conocimientos de diversas perspectivas psicológicas.
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Y tu, ¿temes algo?

Y tu, ¿temes algo?

¿Temes algo? ¿Tienes algún miedo? Pues, entonces, tranquilo o tranquila, gracias al miedo estás aquí. Lo digo porque hay algunas emociones que tienen tan mala fama…y todo en esta vida puede tener una doble lectura.

 

El miedo es una de las emociones básicas y de las consideradas desagradables. La alegría o el amor, por ejemplo, son emociones agradables.

Y es el que el miedo tiene feas repercusiones en nuestro organismo: palpitaciones, aceleración de la respiración, contracción muscular y toda una serie de reacciones fisiológicas que provocan que tengamos ganas de salir corriendo…no extraña, pues, que evitemos aquello que nos provoca miedo.

El miedo es una emoción cuya función es protegernos del peligro. Por lo tanto, tener miedo es adaptativo; en cierto sentido, sano. Imaginaos si no tuviésemos miedo y, por ejemplo, viésemos a un oso en la montaña, correríamos a abrazarlo como hacíamos con nuestro osito de peluche tan tierno y blandito…Las consecuencias serían nefastas!!! … Así que, señoras y señores, el miedo, que tan mala prensa tiene, nos ayuda a sobrevivir.

 

Querer escapar de un oso es algo adaptativo, un miedo de los llamados racionales y sanos. Pero, ¿qué ocurre cuando otros miedos, no tan racionales, nos invitan salir huyendo de situaciones que, a simple vista, no deberían asustarnos? Algunos llaman a este miedo, miedo tóxico. Que palabra tan fuerte!! Tóxico es algo que contiene o produce veneno, según la RAE. Pero, yo no estoy muy convencida que este miedo sea venenoso, sino más bien un intento desadaptativo de enfrentarnos algo que nos duele tanto que hace que lo evitemos de una forma irracional. O, ¿quizá sería más correcto decir que lo evitemos de forma emocional?

 

Este tipos de miedos, por ejemplo, a cambiar de trabajo, a los exámenes, a mostrar mis sentimientos a la persona que amo, a romper una relación con la que llevo tiempo y que no me satisface, a poner límites a las intromisiones de la familia, a hacer un cambio en mi vida….es un miedo que nos paraliza, que no nos deja avanzar, que mantiene enjauladas nuestras capacidades y talentos, que no nos permite tomar las decisiones que realmente queremos, ni alcanzar nuestros sueños. Un miedo carcelero que no ofrece soluciones. Eso sí, nos protege. Nos protege de un peligro creado por nosotros, fruto nuestra trayectoria vital. El peligro de equivocarme, el peligro de ser rechazado, el peligro de no cumplir mis expectativas o la de los otros, el peligro de lo desconocido, el peligro a no ser querido!!…En definitiva, el peligro a pasarlo mal, el peligro a sufrir. Quizá no somos muy conscientes de lo que hay detrás y si lo pensamos, en el fondo, nuestra lógica nos hace ver que ese miedo es absurdo. No hay peligro real.

Pero, y ¿si Damasio tiene razón? Este investigador sugiere que en la toma de decisiones la razón no es la única implicada, sino que las emociones tienen un papel muy importante. Según la hipótesis del marcador somático de Damasio (1994), cada vez que experimentamos una emoción, con su reacción fisiológica correspondiente, automáticamente se nos anticipa la reacción emocional que tendríamos. Así que si tengo miedo a equivocarme, cada vez que pienso que al hacer algo pueda equivocarme, este miedo me muestra como reaccionaría emocionalmente ante una equivocación. El resultado: desisto de intentarlo, con las consecuencias que eso tiene para la autoestima… Visto así, el peligro real si existiría, ¿no? El peligro al dolor emocional. Probablemente el más difícil de identificar y aceptar.

La razón nos dice que cosas como las que se han mencionado antes no ponen en peligro nuestra vida. ¿Iba a peligrar mi vida si hago el ridículo o si me rechazan o si no me aman? Quizá mi organismo seguiría íntegro (otra cosa sería si el oso decidiese poner sus garras encima mío!!), pero, ¿y si lo que peligra es nuestro yo?

Si esto es así, una buena opción sería averiguar de donde vienen esos miedos, ser conscientes de lo que dificultan nuestras decisiones, aceptarlos y buscar soluciones. No olvidemos que “no es valiente quien no tiene miedo, sino quien se atreve a conquistarlo”.

 

 

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